08 agosto 2006

Cuba antes de Fidel

Por Emir Sader.
En 1989, creyendo que el efecto dominó llegaría al Caribe, toda la prensa internacional - inclusive el equipo de la TV Globo - fueron a La Habana, y se instalaron en el Habana Libre - creyendo que se volvería a llamar Habana Hilton -, para esperar, frente al Malecón, que cayese el régimen socialista. Después de que todo Cuba solamente existía y sobrevivía, en medio de una miseria que la prensa occidental caracterizaba como infernal, con una dictadura que hiciera de la isla un ”goulag tropical“, debido a la ayuda soviética. Cuando la URSS, el llamado “campo socialista” y la economía internacional planificada de la que formaba parte Cuba, desaparecían del día para la noche, como un efecto carambola, el socialismo tropical daría lugar al retorno de los exiliados de Miami y todo volvería a ser como en los tiempos del Batista.
En aquellos tiempos, Cuba era el “patio trasero” de EEUU, el itinerario preferido de las vacaciones de los norteamericanos, de escenario para las películas melosas de Holywood, de los casinos en donde los gángsteres del norte establecían sus ramificaciones más sucias. Al punto de que, al final de la segunda guerra, después que la mafia italiana ayudó a los “defensores de la democracia occidental” a desembarcar en Sicilia para derrotar al régimen fascista de Mussolini, los capos realizaron una especie de congreso internacional en el Hotel Nacional, en La Habana, para reorganizar su lucrativo comercio a escala internacional, redistribuyéndose los nuevos mercados y limando sus diferencias. Al Capone, enfermo, no pudo hacerse presente, pero todos los otros estaban allí. Llamaron a un joven y prometedor cantante blanco estadounidense, llamado Frank Sinatra, para que cantara para ellos. Durante el congreso hubo una huelga de los trabajadores del hotel, por atraso en el pago de salarios de los empleados. Los mafiosos pagaron todos los salarios atrasados y la paz social volvió a reinar en el hotel, que fue visitado por el entonces presidente de Cuba, para congratular con aquel acontecimiento internacional de prestigiosos empresarios ligados al gran vecino del norte.
El primer vuelo internacional de Pan American (¿se acuerdan de ella?) fue para La Habana. Los nuevos modelos de automóviles de Estados Unidos primero eran probados en “el patio trasero”. Los marineros de EEUU se comportaban en La Habana como si el país entero fuera un “prostíbulo” - tal cual las bellísimas descripciones de los poemas de Nicolas Guillén. Un extenso plan de construcción de una red de hoteles directamente conectados con los casinos y la prostitución, estaba listo para ser puesto en práctica, con recursos que incluían la participación de gente como Richard Nixon, o el propio Sinatra, entre otros.
“Y en eso llegó Fidel / Se acabó la diversión / Llegó el comandante y mandó a parar” - como pasaron a cantar los cubanos por allá. No podía dejar de ser, a partir de allí, la víctima preferida del odio de los yankees. Aún más cuando, creyendo en sus propias leyendas, habían pensado que podrían derrocar al nuevo régimen, con la invasión de la Bahía de los Cochinos, que contaría - según la prensa “libre” del norte - con la voluntad de sublevación, para tornarse de nuevo “libres”, del pueblo cubano. La aventura agresiva duró 72 horas, el pueblo se levantó, bajo la conducción de Fidel, pero contra los invasores, Cuba se declaró socialista, los presos estadounidenses fueron humillantemente canjeados con el gobierno de John Kennedy por remedios y compotas para los niños.
En “Little Havana”, del otro lado del océano, se refugiaron los burgueses y contrarrevolucionarios derrotados, a curtir sus amarguras, a votar por los republicanos, a soñar con un pasado que no vuelve más, a despertar con pesadillas de que el socialismo cubano vino para quedarse. Diez presidentes de EEUU dijeron, sucesivamente que iban a derrocar al régimen cubano, sin embargo todos se fueron derrotados, sin pena ni gloria.
Cuba socialista y Fidel, sobrevivieron a todo y a todos. Centenas de atentados fueron realizados, pero ahí también fracasó el imperio. Hasta el fin del campo socialista fue superado por Cuba. Los recientes acuerdos estratégicos con Venezuela y Bolivia, en el marco del Alba, los acuerdos con China, el descubrimiento del petróleo en Cuba, hacen con que el régimen se consolide aún más, supere las dificultades del llamado “período especial”, desde el fin de la URSS y retome los avances para la construcción del socialismo.
Así era Cuba antes de Fidel. Y así quedó con Fidel: el único país del mundo en donde no hay nadie abandonado, sin protección social, durmiendo en las calles. El primer país del mundo a acabar con el analfabetismo. El único país del mundo que puede estar orgulloso tener un mínimo de 9 años de escolaridad para toda su población. El único que tiene un sistema de la salud universal, que atiende gratuitamente a toda su población, con la mejor salud pública del mundo. El país que desafió el imperio a poco más de 100 kilómetros de la mayor potencia bélica de la historia de la humanidad, afirmó su soberanía y su voluntad para construir a una sociedad justa y solidaria - una socialista anti-capitalista -, una sociedad socialista.
Y en eso llegó Fidel / Se acabó la diversión /
Llegó el comandante y mandó a parar

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02 agosto 2006

(VIDEO) Historia: Intervenciones de EEUU en Latinoamérica

“Estados Unidos parece destinado a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Con esta profética frase de Simón Bolívar en 1826, el Libertador hizo la crónica anunciada de una historia de intervenciones, militares y políticas, disfrazadas unas y en forma abierta otras, con las cuales el gigante del norte impuso su dominio imperial sobre las naciones latinoamericanas.
Este video es apenas un breve repaso histórico de esa injerencia grotesca que ha producido miseria y dolor en los pueblos de América.
Aclaración: Es un video de Venezolana de Televisión (VTV) publicado en Aporrea.org



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31 julio 2006

Gobieno venezolano repudia ataques a ciudad libanesa de Cana

El vicepresidente ejecutivo, José Vicente Rangel, en nombre del Gobierno venezolano se sumó al repudio mundial por el ataque israelí a la ciudad libanesa de Cana.
La información se dio a conocer a través de un comunicado emitido por la Vicepresidencia este domingo donde Rangel reclamó el cese de la invasión israelita llamando a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a mantener una actitud diligente y enérgica en ese sentido.
«El asesinato de decenas de niños y de mujeres no tiene justificación ninguna, porque esto en el fondo es la consecuencia de las omisiones y silencios guardados por la ONU y países con peso específico ante los ataques del ejército de Israel contra los habitantes de Gaza y Líbano», expresó el vicepresidente venezolano.
Agregó que no es posible callar y calificó de indigno a quien lo haga, «no es posible callar con lo que está haciendo el Estado de Israel con los palestinos y libaneses», dijo.
Igualmente, señaló que el silencio equivaldría al silencio que guardaron durante mucho tiempo personajes y estados frente a la irracionalidad del nazismo. Al silencio que guardaron muchos en el pasado ante el genocidio cometido contra el pueblo judío.
A su juicio, esto es la consecuencia también del apoyo directo que Estados Unidos e Inglaterra le han dado durante todos estos días a la invasión de Israel.
«Venezuela, que nunca ha tenido actitudes contrarias al pueblo judío, que reconoció la existencia de Israel, que acoge a una comunidad judía garantizándole absoluto respeto; tiene pleno derecho a plantear el cese inmediato de la acción del Estado de Israel contra pueblos inermes, con abuso de recursos bélicos desproporcionados», recalcó.
Asimismo, Rangel señaló que después de la masacre de Cana «llegó la hora de reclamar el cese de la invasión israelí, una actitud diligente y enérgica en ese sentido de Naciones Unidas que de lo contrario será objeto de repudio mundial».

Publicado en RNV (Venezuela)

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30 julio 2006

Silvio Rodríguez lanzará nueva producción discográfica "Érase que era"

El disco contiene grandes temas de su autoría que fueron compuestos a finales de los años 60 y principios de los 70, es decir, anteriores a la grabación de su primer disco Días y flores.
El cantante Silvio Rodríguez sorprende de nuevo a todos sus fanáticos con su reciente producción discográfica Érase que era, un nuevo CD doble que será lanzado en Argentina la próxima semana.
La información fue suministrada este sábado por el diario de la juventud cubana a través de su página web www.juventudrebelde.com.
Los seguidores de Rodríguez podrán disfrutar de grandes temas de su autoría que fueron compuestos a finales de los años 60 y principios de los 70, es decir, anteriores a la grabación de su primer disco Días y flores.
La canción de la trova, El papalote, Fusil contra fusil, El matador, Oda a mi generación y Que levante la mano la guitarra, forman parte de los temas inéditos, algunos ya conocidos por distintas grabaciones o por presentaciones en vivo.
«Tengo mucho material pendiente y es que cuando grabé mi primer disco ya hacía una década que componía», informó el cantante en una entrevista que se le realizó a través de correo electrónico.
Además, el cantautor anunció que realizará una gira internacional para promocionar su nuevo trabajo musical.
Con esta producción ya editada el trovador seguirá trabajando en un disco homenaje a Noel Nicola (otro de los fundadores del movimiento de la Nueva Trova) del cual aseguró «ya está casi terminado» y saldrá este mismo año.

Publicado en Radio Nacional de Venezuela

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15 julio 2006

Estados Unidos: el fracaso propio y ajeno

Según una clasificación ya canónica en los Estados Unidos para justificar el uso de la fuerza en el plano mundial, los estados fracasados no pueden lidiar con su seguridad, su economía y la democratización de sus instituciones. Chomsky refuta este concepto.

Por NOAM CHOMSKY
La selección de temas que deberían ocupar los primeros lugares en la agenda de preocupaciones por el bienestar humano y por sus derechos es, naturalmente, un asunto subjetivo. Pero hay unas pocas opciones que parecen inevitables, ya que se ligan con las expectativas de una supervivencia decente. Entre ellas se encuentran al menos estas tres: la guerra nuclear, un desastre ambiental y el hecho de que el gobierno del principal poder mundial actúa de tal modo que aumenta la probabilidad de estas catástrofes.
Es importante enfatizar el "gobierno", porque la población está en desacuerdo. Esto lleva a mencionar un cuarto tema que debería preocupar profundamente a los estadounidenses, y al mundo: la marcada división entre la opinión pública y la política pública, una de las razones del temor, que no puede dejarse de lado, de que "el ''sistema'' estadounidense en su totalidad sufre un problema real que augura "el fin de sus históricos valores de igualdad, libertad y democracia con sentido", como observa Gar Alperovitz en America Beyond Capitalismo.
El "sistema" está comenzando a tener algunos de los rasgos de los estados malogrados, para adoptar una noción actualmente de moda, aplicada por lo general a los estados considerados una amenaza potencial a nuestra seguridad (como Irak) o necesitados de nuestra intervención para rescatar a la población de una amenaza interna grave (como Haití). La definicion de estados malogrados es mínimamente científica. Pero todos estos estados comparten ciertos atributos primarios. Son incapaces o no quieren proteger a sus ciudadanos de la violencia y tal vez aun de la destrucción. Se consideran a sí mismos más allá del alcance de la ley nacional o internacional, por lo tanto libres de concretar actos de agresión y de violencia. Y si tienen formas democráticas, sufren de un serio "déficit democrático" que priva a sus instituciones de sustancia real.
Una de las tareas más arduas que cualquiera puede emprender, y una de las más importantes, es mirarse honestamente al espejo. Si nosotros lo hiciéramos, tendríamos muy poca dificultad en encontrar los rasgos de los estados malogrados directamente en nuestro país. Ese reconocimiento de la realidad debería ser causa de gran preocupación para quienes se desvelan por sus países y por las generaciones futuras —"países" en plural—, primero a raíz del enorme alcance del poder de los Estados Unidos, pero también porque los problemas no están localizados en el espacio y el tiempo, aun cuando haya importantes variaciones, de particular relevancia para los ciudadanos de los Estados Unidos.
El "déficit democrático" estuvo claramente ilustrado en las elecciones del 2004. Los resultados llevaron a la exaltación en ciertos círculos, a la desesperación en otros y a una gran preocupación sobre una "nación dividida". Colin Powell informó a la prensa que el "presidente George W. Bush ha ganado un mandato del pueblo estadounidense para continuar su ''agresiva'' política exterior". Esto está muy alejado de la verdad. Está también muy alejado de lo que la población cree. Después de las elecciones, Gallup preguntó si Bush "debía enfatizar los programas que apoyan los dos partidos" o si "tiene un mandato para avanzar con la agenda del partido republicano", como Powell y otros sostuvieron. El 63 por ciento eligió la primera opción, el 29 por ciento la última. Las elecciones no confirieron un mandato para nada. De hecho, prácticamente no tuvieron lugar, en el verdadero sentido del termino "elección".
La historia ha dado muchas pruebas de la falta de atención de Washington a las leyes y normas internacionales, que alcanza hoy nuevas alturas. Concedámoslo: siempre hubo pretextos, pero eso vale para cualquier estado que recurre a la fuerza a voluntad. Durante los años de la Guerra Fría estuvo disponible el marco de referencia de la "defensa contra la agresión comunista" para movilizar el apoyo nacional e incontables intervenciones en el exterior. Al final, el recurso a la amenaza comunista se empezó a desgastar. Alrededor de 1979 "los soviéticos estaban influyendo" más allá de sus fronteras, "solamente al 6% de la población mundial y al 5% del GNP mundial", según el Center for Defense Information. La imagen central se estaba haciendo más difícil de evadir. El gobierno también enfrentaba problemas a nivel nacional: especialmente el efecto civilizador del activismo de la década del 60, que tuvo muchas consecuencias, entre ellas menor voluntad para tolerar el recurso a la violencia. Bajo la presidencia de Ronald Reagan, la administración buscó manejar los problemas con fervientes pronunciamientos sobre el "imperio del mal" y sus tentáculos, a punto de estrangularnos.
Pero se necesitaban nuevos recursos. Los partidarios de Reagan declararon su campaña mundial para destruir el terrorismo internacional apoyado por un estado que el secretario de Estado de Reagan, George Shultz, denominó una "plaga diseminada por los depravados opositores a la civilización misma" que intentan "un retorno de la barbarie en la epoca moderna". La lista oficial de los estados que patrocinaban el terrorismo, iniciada en el Congreso en 1977, fue elevada a un lugar prominente en la politica y en la propaganda.
En 1994, el presidente Clinton amplió la categoría de "estados terroristas" para incluir los "estados delincuentes". Unos pocos años más tarde se agregó al repertorio otro concepto: los estados malogrados, frente a los cuales nosotros debemos protegernos, y a los que debemos proteger, a veces destruyéndolos.
Más tarde llego el "eje del mal" del presidente George W. Bush, al que, para defendernos, debemos destruir, siguiendo la voluntad del Señor tal como es transmitida a este humilde servidor, escalando mientras tanto la amenaza del terror y de la proliferación nuclear.
Pero la retórica siempre genera dificultades. El problema básico es que bajo razonables interpretaciones del término, aun bajo definiciones oficiales las categorías son demasiado amplias.
Hace falta disciplina para no reconocer los elementos de verdad en la observación del historiador Arno Mayer, inmediatamente después de los ataques terroristas del 11 de setiembre, de que, desde 1947, "Estados Unidos ha sido el principal autor del estado terrorista que ataca primero", y de innumerables otras acciones ''delictivas'' que han causado un inmenso daño "siempre en nombre de la democracia, la libertad y la justicia".
Después de que Bush asumió la presidencia, la corriente dominante entre los expertos comenzó a afirmar como un hecho que Estados Unidos "ha asumido muchos de los propios rasgos de las ''naciones delincuentes'' contra las cuales ha batallado" (David C. Hendrickson y Robert W. Tucker, Foreign Affairs, 2004).
La categoría estado malogrado fue invocada de manera reiterada por los autodenominados "estados iluministas" en la década del 90. Eso los autorizaba a recurrir a la fuerza con el supuesto objetivo de proteger a las poblaciones de los estados malogrados, delincuentes y terroristas de un modo que podía ser "ilegal pero legítimo", frase usada por la Comisión Independiente sobre Kosovo.
Cuando los temas principales del discurso político cambiaron de la "intervención humanitaria" a la "guerra al terrorismo", tras el 11 de setiembre, se le dio al concepto estado malogrado un alcance más amplio a fin de incluir a países como Irak, que amenazaban supuestamente a los Estados Unidos con armas de destrucción masiva y con el terrorismo internacional.
Con este uso más amplio, los estados malogrados no necesitaban ser débiles, cosa que tiene mucho sentido. La Alemania nazi y la Rusia estalinista eran escasamente débiles, pero con estándares razonables merecían la designación de estados malogrados como ninguno en la historia. El concepto gana muchas dimensiones, incluyendo el fracaso en proveer seguridad para la población, para garantizar los derechos en el país y en el exterior, o para mantener en funcionamiento (no simplemente de manera formal) las instituciones democráticas. El concepto debe con seguridad incluir "estados proscriptos", que desechan con desprecio las reglas del orden internacional y de sus instituciones, cuidadosamente construidas a lo largo de los años, inicialmente por iniciativa de los Estados Unidos.
El gobierno está eligiendo políticas que tipifican a los estados bandoleros, que ponen seriamente en peligro a la población dentro del país y en el exterior y socavan una democracia sustantiva. En aspectos cruciales, la adopción de Washington de los atributos de los estados malogrados y bandoleros se proclama con orgullo. No hay esfuerzo alguno por ocultar "la tensión entre un mundo que todavía quiere un sistema legal internacional justo y sostenible, y una superpotencia única que apenas parece preocuparse de que se halla al nivel de Birmania, China, Irak y Corea del Norte en términos de su adhesion a una concepción absolutista de la soberanía" por sí misma, mientras desecha como anticuada la soberanía de otros, señala Michael Byers en War Law: Understanding International Law and Armed Conflict.
Estados Unidos es muy parecido a otros países poderosos. Persigue los intereses económicos y estratégicos de los sectores dominantes de la población local, con una impresionante retórica sobre su excepcional dedicación a los más altos valores. Esto es casi un universal histórico, y es la razón por la cual la gente sensata presta poca atención a las declaraciones de las nobles intenciones de los líderes, o a los elogios de sus seguidores.
Uno escucha comúnmente decir que los criticones se quejan por lo que está mal, pero no presentan soluciones. Hay una traducción certera para esta acusación: "Ellos presentan soluciones, pero a mí no me gustan". Aquí hay unas pocas simples sugerencias para los Estados Unidos:
(1) aceptar la jurisdicción del Tribunal Internacional de Justicia y de la Corte Internacional;
(2) firmar y cumplir los protocolos de Kyoto;
(3) dejar que las Naciones Unidas lideren las crisis internacionales;
(4) apelar a medidas diplomáticas y económicas antes que a las militares cuando se confronten amenazas graves de terror;
(5) mantenerse dentro de la interpretación tradicional de la Carta de las Naciones Unidas: el uso de la fuerza es legítimo solamente cuando es ordenado por el Consejo de Seguridad o cuando el país está bajo la amenaza de un ataque inminente, de acuerdo con el Artículo 51;
(6) renunciar al poder de veto en el Consejo de Seguridad, y tener "un respeto decente por la opinión de la humanidad", tal como aconseja la Declaración de la Independencia, incluso cuando los centros del poder no están de acuerdo;
(7) reducir drásticamente los gastos militares y aumentar los gastos en salud, educación, energía renovable y cosas similares.
Para la gente que cree en la democracia, éstas son sugerencias muy conservadoras: parecen ser la opinión de la mayoría de la población de los Estados Unidos, en muchos casos de la abrumadora mayoría, que se opone radicalmente a la política pública; en la mayoría de los casos, en ambos partidos.<>

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